La dimensión social de la biblioteca pública

Artículo publicado en ThinkEPI el 28/1/2015. Puedes acceder al  texto en PDF.

1.- Introducción

Hablar de la dimensión social de la biblioteca pública no es una novedad. Podemos afirmar que la perspectiva social forma parte del ADN del servicio bibliotecario. El acceso equitativo a la cultura y al conocimiento y el trabajo con y para la comunidad han sido históricamente objetivos centrales de la biblioteca pública. Recordemos por ejemplo que los inicios del servicio en los Países Bajos responden a la necesidad que detectó el Gobierno a principios del s. XX de reducir el alcoholismo los fines de semana. De ahí, al despliegue de servicios de préstamo a domicilio que ha concluido en lo que actualmente es en uno de los sistemas bibliotecarios más sólidos e innovadores de Europa. Como bien expresa el Manifiesto de la IFLA/UNESCO sobre la Biblioteca Pública de 1994, que mantiene su vigencia, la biblioteca pública cubre un amplio abanico de aspectos: “La biblioteca pública, puerto local hacia el conocimiento, constituye un requisito básico para el aprendizaje a lo largo de los años, para la toma independiente de decisiones y el progreso cultural del individuo y los grupos sociales”. Y añade: “La libertad, la prosperidad y el desarrollo de la sociedad y de los individuos son valores humanos fundamentales.

Estos sólo podrán alcanzarse mediante la capacidad de ciudadanos bien informados para ejercer sus derechos democráticos y desempeñar un papel activo en la sociedad.

Estos sólo podrán alcanzarse mediante la capacidad de ciudadanos bien informados para ejercer sus derechos democráticos y desempeñar un papel activo en la sociedad. La participación constructiva y la consolidación de la democracia dependen tanto de una educación satisfactoria como de un acceso libre y sin límites al conocimiento, el pensamiento, la cultura y la información”. Esta definición expresa con mucha claridad la fuerte vinculación de la biblioteca con la sociedad, con los ciudadanos a los que dirige sus servicios; en definitiva, su “dimensión social”. La biblioteca pública es social por origen –nace para dar respuesta a necesidades sociales- por naturaleza -existe para que la usen los ciudadanos, la sociedad-; por sus funciones y objetivos -informar, formar, compartir conocimiento, crear nuevo conocimiento y socializar, y por sus valores -libertad, igualdad, democracia y no discriminación. La biblioteca contribuye a la construcción de valores de ciudadanía y a la igualdad de oportunidades en el acceso al conocimiento, elementos clave de una sociedad inclusiva. En este contexto es imprescindible poner el acento en el valor de la biblioteca como agente de cohesión social, con una atención especial en los colectivos más vulnerables y con necesidades específicas. Los retos prioritarios son la promoción de la lectura -en el entorno digital y en diferentes canales-, la participación en las políticas de cohesión social -un espacio de encuentro inclusivo- la apuesta por la accesibilidad global, agente para prevenir la fractura digital, y la respuesta a la diversidad social y cultural. Además es también relevante su trabajo continuado, y con larga trayectoria, con los centros educativos: la formación informacional y digital y la promoción de la lectura han sido dos ejes esenciales. Durante estos últimos años se han incrementado las iniciativas relacionadas con las políticas de formación y ocupación, así como las actividades pensadas para colectivos con más dificultades, contando muchas veces con la colaboración de voluntariado Para reforzar estos principios, queremos destacar el interesante artículo, “Bibliotecas y sociedad: el paradigma social de la biblioteca pública” (Meneses Tello, 2013), que analiza los aspectos teóricos que relacionan las bibliotecas con la sociedad y repasa los distintos enfoques sociales de la biblioteca pública: desde su “responsabilidad social” a su “compromiso social”, a sus servicios como “catalizadores proactivos de cambio social” y la “necesidad de adoptar una consciencia social por parte de quienes hacen funcionar las bibliotecas públicas”.

2. El contexto social actual

La realidad social hoy en España es dura y compleja. Así lo reflejan múltiples informes publicados durante el 2014, que se encuentran agrupados en la página web de la Fundación Biblioteca Social, y de los que citaremos solo algunos con los datos más significativos: • La exclusión social afecta a uno de cada cuatro españoles: de estos, 5 millones de personas en situación de exclusión severa; un 87% más que el 2007. Informe sobre exclusión y desarrollo social en España, de Foessa. • El 27,5 por ciento de la infancia vive en España por debajo del umbral de la pobreza. Informe La Infancia en España 2014 de UNICEF • En bienestar social, España ha caído 14 puestos desde 2008 a 2013. El Índice de Desarrollo Humano de la ONU sitúa a España por debajo de la media de los países más desarrollados y de la OCDE. Informe 2014 de Desarrollo Humano de la ONU • En comprensión lectora y matemáticas, los adultos españoles, están a la cola. Estudio PIAAC de la OCDE. En los últimos años ha habido un fuerte incremento de las desigualdades sociales, con la incorporación a “situación de riesgo” de personas que hasta no hace mucho tenían una situación “normalizada”, y con el aumento de obstáculos y dificultades en aquellos colectivos más vulnerables. Es evidente que la complejidad de la sociedad y especialmente las consecuencias de la crisis, iniciada hace ya más de ocho años, ha incidido muy directamente en la necesidad de contemplar y reconocer, fuera de toda duda, la dimensión social de la biblioteca pública, su servicio para fortalecer la cohesión e inclusión social, así como el incremento de la colaboración con otros agentes que trabajan en este ámbito. Es claro que las bibliotecas públicas, por si solas, no pueden acabar con la pobreza y las desigualdades, pero si pueden contribuir a mejorar una cierta igualdad de oportunidades de las personas más vulnerables de la sociedad. Tal como comenta Pedro López López (2014) “para hacer una sociedad más igualitaria necesitamos, sobre todo, bienes comunes, espacios públicos, educación y otros servicios públicos asegurados”. Las bibliotecas públicas son un elemento clave de estos “bienes comunes y servicios públicos”. Podemos encontrar múltiples ejemplos de actuaciones que llevan a cabo las bibliotecas públicas: ofrecen servicios específicos de información para inmigrantes o parados, organizan programas de mejora de la comprensión lectora a colectivos con bajos niveles formativos, facilitan espacios para personas que padecen la llamada “pobreza energética”. Urge intervenir y es necesario hacerlo en colaboración con otros agentes –entidades y organizaciones sociales, educadores y trabajadores sociales, etc.- para contribuir a atenuar las desigualdades de personas o grupos vulnerables o en riesgo de exclusión. Si no actuamos, estaremos aceptando la hipoteca del futuro de las próximas generaciones.

3. La biblioteca pública en las políticas de inclusión.

Las bibliotecas públicas disponen de unas características que las posicionan para poder contribuir en las políticas de inclusión social. En primer lugar, su distribución capilar por todo el territorio. Según los últimos datos recopilados por Hernández-Sánchez y Arroyo-Vázquez (2014), en España hay más de 4.200 bibliotecas públicas, de dimensiones y prestaciones muy diversas. Junto con servicios móviles (bibliobuses), las bibliotecas están presentes en más de 5.100 municipios en los que reside más del 96,4% de la población española. Con datos del 2012 sabemos que hay más de 15,6 millones de usuarios inscritos en las bibliotecas públicas, lo que representa la tercera parte de la población española (33,1%). En segundo lugar, su accesibilidad, el hecho que cualquiera puede acceder a sus servicios, esté o no empadronado, cobre o no algún salario o subvención. Cualquier ciudadano puede utilizar los servicios bibliotecarios disponibles y puede estar en la biblioteca todo el tiempo que ésta esté abierta. La biblioteca se convierte así en un importante espacio de socialización de las relaciones y de conocimiento. Se trata del modelo de biblioteca pública universal, a partir de los criterios promulgados por UNESCO, que se puede identificar en cualquier país del mundo. Son una respuesta al modelo aceptado universalmente, que reclama el derecho al acceso a la información, a la lectura y al conocimiento. Además, cabe destacar el gran conocimiento del entorno y la facilidad de las bibliotecas para establecer sinergias y colaborar con las asociaciones o entidades del territorio. El trabajo en red y participativo forma parte de la esencia de las bibliotecas públicas. A esta realidad, se añade que la mayoría dispone de personal cualificado que puede entender las necesidades de los usuarios y ofrecer un servicio de calidad. Y, dentro del personal, en muchos casos el trabajo se realiza a través de bibliotecarios con educadores o trabajadores sociales. Teniendo en cuenta la realidad social y económica en España, el compromiso social de la biblioteca pública se convierte en un imperativo. La biblioteca pública puede y debe–en muchos casos ya lo está haciendo- contribuir a conseguir una sociedad más igualitaria y a paliar las fuertes desigualdades sociales. A la situación social actual se añaden nuevos retos, como es la generalización de la sociedad digital que conlleva nuevas fracturas en el acceso a la información. La biblioteca pública, que orienta sobre su uso, actúa de facilitadora con las personas con más dificultades económicas y formativas, a la vez que contribuye a la integración de los diferentes soportes, en el acceso a un espacio o servicio. La democratización del acceso a la formación e información es una de las grandes conquistas de una sociedad desarrollada. Y, en este sentido, deberemos incidir para que no haya una involución. A partir de sus valores y de sus objetivos, la biblioteca ha contribuido a minimizar las desigualdades culturales y a mejorar la cohesión social, con el acceso a la información, con iniciativas de dinamización de la lectura, con el servicio de préstamo y con la programación cultural. Hoy, ante una sociedad cada vez más diversa que ha modificado los estilos de vida y ha diversificado los intereses de los ciudadanos, la biblioteca pública debe actuar para demostrar que puede contribuir a estos nuevos retos sociales como uno de los servicios públicos básicos.

4. El retorno social de la biblioteca pública

Seguramente cabe una más efectiva política de comunicación del servicio para dar mayor visibilidad a su utilidad social, sabiendo que los costes tienden a ser superados por el retorno económico, pero sobre todo por su beneficio social. Dar visibilidad a la dimensión social de la biblioteca contribuye a estar mejor posicionados como servicio básico de la comunidad. La eficiencia es un criterio a incorporar a la gestión de los servicios. Y esto debiera ser así más allá de la situación actual, afectada por restricciones presupuestarias. Y en éste contexto, y para poder transmitir y explicar los beneficios sociales, deberá incorporar indicadores de evaluación de la dimensión social de la biblioteca: acuerdos con entidades sociales, desarrollo de voluntariado, de inclusión de colectivos específicos –personas en paro, personas inmigrantes, personas con discapacidad…- cooperación con centros educativos o formación digital. La situación obliga a poner la atención y a preocuparse más por el retorno social, a colaborar y programar conjuntamente con otros agentes, a ser transparentes en los procesos y a la rendición de cuentas. El presupuesto de bibliotecas representa en realidad una pequeña parte (apenas un 10%) del presupuesto en cultura, mientras que es el servicio con un mayor retorno social (en Barcelona ciudad, por ejemplo, es el servicio público municipal más bien valorado). En España, con datos del 2012, los gastos corrientes de las bibliotecas públicas sumaron 474,4 millones de euros, representando un gasto medio de 10,1 euros por habitante al año. Recientes estudios (Gómez Yáñez, 2014; Luria y Pintor, 2013, FESABID, 2014) indican que por cada 1 euro que la Administración destina en España a las bibliotecas públicas, estas generan un retorno económico que puede oscilar entre 2 y 4 euros. ¿Qué otro servicio tiene un beneficio tan importante? Estos datos indican que no se invierte demasiado en bibliotecas públicas y que debemos vindicar que en ningún caso la austeridad debe derivar en precariedad. Es necesario priorizar y eliminar proyectos prescindibles más que ahogar aquellos viables y con impacto social.

5. La Fundación Biblioteca Social

Conscientes de esta situación, en Junio 2014, un equipo de profesionales integrado por bibliotecarios y expertos del Tercer Sector, presentamos públicamente la Fundación Biblioteca Social. http://fundacionbibliotecasocial.org/es Los objetivos centrales de la Fundación son: visualizar el importante rol social de las bibliotecas públicas, potenciar que las bibliotecas públicas lleven a cabo más proyectos dirigidos a los sectores más vulnerables y que el Tercer Sector vea en las bibliotecas públicas a sus aliados en el territorio. Reforzar esta sinergia es una llamada también a la administración pública para que invierta en la biblioteca pública y se comprometa con ella. Dos elementos a destacar de la organización de la Fundación son su Patronato, integrado por profesionales del ámbito de las bibliotecas y del Tercer Sector y el hecho que la financiación sea 100% privada y que no acepte subvenciones públicas. La Fundación apenas ha empezado a dar sus primeros pasos, con la convocatoria de la primera edición del “Premio Biblioteca pública y Compromiso Social”, de cuyos resultados se dará buena cuenta. Con más oportunidades, con más posibilidades, la Fundación irá ampliando sus actividades de soporte a las bibliotecas públicas y a su importante dimensión social.

Referencias

Gómez Yáñez, José Antonio, (2014). El valor económico y social de los servicios de información: bibliotecas. Informe de resultados. FESABID. http://www.fesabid.org/node/1049 Hernández-Sánchez, Hilario; Arroyo-Vázquez, Natalia (2014). “Efectos de la crisis económica en las bibliotecas españolas”. El profesional de la información, marzo-abril, v. 23, n. 2, pp. 158-164. http://eprints.rclis.org/22806/1/158-164_Hernandez-Sanchez.pdf López López, Pedro (2014). Biblioteca y sociedad. http://www.cronicapopular.es/2014/10/biblioteca-y-sociedad/ Luria, Maria; Pintor, Joël, (2013). “El retorno a la inversión de la Red de Bibliotecas Municipales de la provincia de Barcelona (2007-2011)”. Actas de las XIII Jornadas Españolas de Documentación. Fesabid, Toledo, 2013, pp. 10-30 http://fesabid.org/documentos/fesabid13-actas.pdf IFLA, Manifiesto de la IFLA/UNESCO Sobre la Biblioteca Pública 1994. http://www.ifla.org/ES/publications/manifiesto-de-la-iflaunesco-sobre-la-biblioteca-p-blica-1994 [Consultado el 7 de enero de 2015] Meneses Tello, Felipe (2013). Bibliotecas y sociedad: el paradigma social de la biblioteca pública. Investigación bibliotecológica, vol. 27, núm. 61, pp. 157-173. http://www.scielo.org.mx/pdf/ib/v27n61/v27n61a8.pdf La realidad social en España (2014). http://fundacionbibliotecasocial.org/es/la-realidad-social-en-espana-2014/ El retorno a la inversión de la Red de Bibliotecas. Diputación de Barcelona, 24 de mayo de 2013. Presentación de María Luria Roig. FESABID´13. http://www.diba.cat/documents/16060163/23868316/4+FESABID2013_retorno_inversion_PWP.pdf/118d5e70-0c7b-458d-bf6b-fe907cf72b37 El rol social de la biblioteca pública: recopilación de artículos. http://fundacionbibliotecasocial.org/es/el-rol-social-de-la-biblioteca-publica-recopilacion-de-articulos/ FESABID. El valor económico y social de los servicios de información: bibliotecas. (2014). http://www.fesabid.org/sites/default/files/repositorio/fesabid-valor-economico-social-servicios-informacion-bibliotecas.pdf [Todos los enlaces han sido consultados el 23 de enero de 2015]

 

 

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